Volví. O eso parece. No me lo creo mucho, pero eso es lo que dicen las maletas, cajas y bolsas que inundan mi cuarto de Mengíbar. Sí, puede que haya vuelto. Si es que alguna vez me fui. Bueno, eso sí que lo tengo claro. No vuelvo igual que cuando me fui. Me dejé un cacho allá, a lo lejos, en alguna parada de metro, ya sin servicio. Me parece que nunca me di cuenta de que el Metro lo cierran de madrugada y por eso recuerdo bellas estampas ocurridas a altas horas entre sus pasillos. Con compañía. O sin ella. Puede que valga la pena rectificar el cuaderno de bitácora. Esta parada de metro que ahora, digo, está sin servicio, yo la llamaba Moncloa, pues estaba situada junto al Parque del Oeste, el lugar en donde aprendí a gritar con fuerza a los hijoputas que fueron enseñándome lo triste que es la vida sin esperanza.
Volví con ciento veintisiete libros más, cuarenta y dos revistas, una veintena de periódicos, más de mil recortes de páginas periódicas, entre setecientos ochenta y ochocientos veinte folios, trece libretas, ochenta y nueve clips, una tecla menos del teclado, dieciséis pilas chicas gastadas para reciclar, una docena de carpetas, tres portafolios, cuatro Bic sin empezar y otros dos empezados, un boli violeta y otros rotuladores variados, un reloj despertador que no suena, dos tacos de pos-it de los chinos azules de la calle Juan Montalvo, dos sacapuntas -uno no saca punta buena-, siete lápices Staedtler HB2 -cuatro enteros y tres a medias-, una goma Factis y un taco de cuartillas hechas con folios usados unidas con una pinza negra que me regaló Benedicto a los pocos días de residir en mi habitación de primero de carrera en el edificio Kuwait del colegio mayor.
Volví con algo de frío. Ahora hace algo de viento. Me ha picado un maldito mosquito.
Volví con muchas ganas, y aunque me dejé algunas más por el camino, quiero querer recuperarlas.
Volví creyendo más fervientemente en la existencia de Justicia y Libertad.
Volví con dos grandes amigos bajo el brazo. Aquí me estaban esperando una veintena.
Volví con un profundo desamor y puede que con un amor en camino. Ojalá. Me dejé diez mil billones de lágrimas por el camino y un par de cientos de sonrisas en el primero. No he de hacer balance del segundo, no sería justo.
Volví con casi un mundo y me fui con medio. Ha sido un buen viaje y no espero que haya sido el final del camino.
Volví para seguir creciendo.
///Sountrack:
Mil bolas de luz…
Mil bolas de luz
para matar
cada ilusión
puesta al final
esta verdad
se vuelve mal
claro es el fin
juntos los dos….
¿Dónde perdí
aquella poción
para volar
y conseguir
no llorar más?
Creo que eras tú
que todo empezó
esta intensidad
este calor
¿dónde perdí
el resplandor?
Y esa razón
que se pudrió
entre tu voz
y la cantidad
que aceptas por dar
besos de error
y una canción
que te escribí cuando soñé…
Que entre los dos
era mejor
sentirse mal
y te llamé
para intentar
llegar hasta ti
casi sin tocar
el suelo y volar
para poner
datos a cero
y reiniciar…
[Los Piratas - Reiniciar]///