Jesús Vicioso

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El amanecer de la decepción

In Epitafio on 1 enero 2008 at 9:26
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Volvieron a saltárseme las lágrimas al oír las doce campanadas. No me puse corbata, quería un aire más desenfadado para celebrar el borrón y cuenta nueva. Quizá, pensaba en que le gustaría más así. Era y es distinta, como todas diréis, pero yo me entiendo. Y cuando la conocí fue inesperado. De casualidad. Como las cosas importantes. Aunque puede que no fuese por casualidad. El Jefe estaría jugando de nuevo conmigo. En el fondo, ahora me he dado cuenta de que el verdadero dolor no duele, ni sangra, ni siquiera desgarra. En verdad, es como una lágrima en un desierto de arena. Pero hoy he comprendido que, en el fondo, ilusiona. Porque después de tanto tiempo sin soñar, ella, aunque no lo que anhelaba desde que la conocí, me ha dado mucho. La decepción no ha sido por regresar con ganas de abrazarla, sino por mí mismo. Y porque tampoco puedo aspirar a ser su príncipe azul. La hice sonreír. Tiene agujetas de toser por las risas. Al menos, recogió estos buenos momentos como regalo eterno. Pero yo sigo atronado. Con el corazón en ayunas. Y la noche comenzó a ceder al día.
El amanecer de la decepción, el primer alba de este nuevo año, está nublado y algunas gotas brotan en el ambiente. Escribo con guantes. Tengo, tuve y tendré en estos días frío en las manos. Quiero alargar las horas y detener los relojes. Y mirarla a los ojos. Y soltarle algún piropo, que me dice que no le dan suficientes. Lo cierto es que nunca serían suficientes. Podría perfectamente haber empeñado mi vida entera por un examen de oposiciones a ayudante de su corte real. Fue bonito imaginar que querría que le pusiese la alfombra roja, aunque fuese sólo una vez. Con esa me hubiera bastado.
Es distinta. Tiene unos ojos que parece que Miguel Ángel los hubiera esculpido para una obra maestra. No me habla mucho, pero cuando lo hace me vuelvo tonto. O loco. O lo que sea. Me entran nervios y me cuesta ser como soy. Si es que sé qué soy. Si es que soy realmente algo. Apostaría todo el universo a que esconde tantas cosas que me encantaría conocer. Me da envidia de la gente que comparte hasta la luz de la farola de cualquier calle que pisa. Y tiene cosas que no entenderíais.
Días como hoy los escribimos con incertidumbre. Al menos yo. Será porque he amanecido decepcionado conmigo, con un personaje huérfano ya de sueños que anhelaba una bonita historia para poder contar en lugar de soltar todo esto.
Feliz 2008 a todos.
 
Gracias.

Los últimos días (III). Todos buenos

In Epitafio on 24 diciembre 2007 at 12:09
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Hoy somos todos buenos. Nadie es malo. Ni malvado. Ni se ha portado mal con nadie en todo este tiempo. Vamos a disfrutar de compañía sonora y corpórea que en verdad cree que la malicia no ha ocupado parte alguna de nuestro ser. La gula de la mesa de esta noche se traduce en un mero festín de quien ha ganado la gran carrera del mundo. Sólo los débiles tienen envidia de no poder participar en la celebración de nuestro ego. Ése que se congratula de lo bellos y maravillosos que somos. Ése que siempre dice la verdad, que repite una y otra vez lo perfectos que somos. Quizá sea yo sólo el que se arrepienta de todo este baile de mentiras en una noche como la de hoy. Debería de ser otra cosa, es cierto. Por eso no tenemos que brindar con demasiada alegría. Hay compañías en silencio, que habitan en el olvido. Pero dicen que hoy todos somos buenos.
Hipócritas malas personas…
 
"Dudo, por eso hago más". (E. Bunbury)
 
 
 
La oscura cadencia, de la sangre y laberinto de…
La memoria y el niño que se ahoga en la sucia
charca del tiempo que….
Rumias sin sentido, la cajita de las ilusiones y…
pinta con hiel la sonrisa, retorcida… casi rota.
Cuanto ruido corre por la cabeza, sordo murmullo
que no ha de parar.
En el dial de mis neuronas no encuentra la
frecuencia que….
Ponga olas de mar que acaricien la arena,
suave brisa que calme el dolor.
De esta noche, esta puta noche.
Huela el sudor de tu cuerpo
en las noche de magia,
al aroma del sol tatuado en tu vientre,
y me olvide de esta puta noche.
Es tan estrecha la senda,
que te arrastra hasta el final del sueño,
muerde tanto la herencia de un tiempo olvidado ya.
Paraíso de la paz, inventado para jodernos bien,
Ahora y en la hora de Nuestra Muerte
Amen Señor….
Cuanto ruido corre por la cabeza, sordo murmullo
que no a de parar.
En el dial de mis neuronas no encuentra la
frecuencia que….
Ponga olas de mar que acaricien la arena,
suave brisa que calme el dolor.
De esta noche, esta puta noche.
Huela el sudor de tu cuerpo
en las noche de magia,
al aroma del sol tatuado en tu vientre,
y me olvide de esta puta noche.
Ponga olas de mar que acaricien la arena,
suave brisa que calme el dolor
De esta noche, esta Puta Noche.
Huela el sudor de tu cuerpo en las noche de magia,
al aroma del sol tatuado en tu vientre,
y me olvide de esta puta noche. (Doctor Deseo)
 

Los últimos días (II). Cuando dicen que lo tienes todo

In Epitafio on 23 diciembre 2007 at 23:27
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Y dicen que lo tienes todo. Y tú, entonces, te quedas sin poder soñar con nada. Sin poder aspirar a lo que en verdad echas en falta cada vez que tachas un día del calendario. Puede que sí, que tenga todo lo que esa gente quiere para sí. Ignorantes les llamo pues. No saben profundizar. Ni preguntar. "¿Qué le pides a los Reyes?" se transforma "Pero, ¡qué le vas a pedir a los Reyes!" Vale, quizá lo que pida sea complicado. Ni los que más me aprecian pueden dejarse una pasta en El Corte Inglés, porque allí no estará expuesto mi deseo en ninguna vitrina. Ni en ningún almacén lleno de polvo. Son tontos. O también puede ser que sólo lo sea yo. Por soñar a veces despierto y no discernir entre lo que hay, lo que había y lo que podría haber. No tener, que conste. Porque yo no tengo nada. Ni siquiera mi ser es mío. Danza cada noche al ritmo que marca la luna. O los amaneceres sombríos y grises.
Cuando dicen eso que tú odias que te digan, que echas en falta todo lo que quieres, se te rompen los castillos de nubes blancas que soñabas pintar de algún color en cualquier otro tiempo más o menos lejano. No saben lo que eres. Ni quién eres. Te sientes solo. En el fondo, ahora es el momento en el que más lo necesitas. Sé que te dan ganas de llorar a mares y, a la vez, no decir nada. Pasar y hacer como que disfrutas. Aunque nadie encuentre razones para nada. Tampoco tus sueños tienen un porqué. Somos casualidades. Nuestra vida apaga cada día una oportunidad de rescatar almas que anhelan algo más. Unos lo intentan más que otros. Pero en el fondo, creo que nuestro reino no es de este mundo. Nos hemos equivocado de cuento, o nos saltamos varios párrafos o recitamos versos con una rima, por ahora, inédita. Quién sabe.
Pero seguimos escribiendo cartas a los Reyes. No nos queda otra.
 
Gracias.
 
 
 
Yo quise subir al cielo para ver y bajar hasta el infierno
para comprender qué motivo es que nos impide ver
dentro de tí dentro de mí.
Abre la puerta, niña que el día va a comenzar
se marchan todos los sueños qué pena da despertar.
Por la mañana amanece la vida y una ilusión
deseos que se retuercen muy dentro del corazón.
Soñaba que te quería soñaba que era verdad
que los luceros tenían misterio para soñar.
Hay una fuente niña que la llaman del amor
donde bailan los luceros y la luna con el sol.
Abre la puerta niña y dale paso al amor
mira que destello tiene esa nube con el sol.
Por la mañana amanece la vida y una ilusión
deseos que se retuercen muy dentro del corazón.
Hay una fuente niña que la llaman del amor
donde bailan los luceros y la luna con el sol.
Abre la puerta, niña que el día va a comenzar
se marchan todos los sueños que pena da despertar.
Hay una fuente niña que la llaman del amor
donde bailan los luceros y la luna con el sol. (Triana)
 
 

Los últimos días. Hienas hambrientas

In Epitafio on 19 diciembre 2007 at 11:16
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Me han llegado algunas felicitaciones. Pocas, la verdad. Menos han sido las invitaciones. El final de año nos acecha como una hiena hambrienta en estos días de desenfreno, gula y lujuria. Cuando conectan con la Puerta del Sol me entra miedo. Por lo que se va, pero sobre todo por lo que no se ha ido. Por lo que viene y por lo que puede no llegar. De entre tantos ocasos, sólo rescato algunos amaneceres. Creo que para eso la gente se emborracha. Para enfrentarse al balance de su año, de su vida y no tener que arrepentirse de cuántos recuerdos no han existido. También, para reflexionar sobre la vida de quienes nos quieren en la distancia, en la profundidad de los mares que no tienen puertos que tocar. Y para tener que olvidar a quienes no nos olvidaron o no pudimos restar de nuestros corazones. Creo que deberían de dejar abiertos quirófanos en estos días de Navidad. Porque puede que se nos vuelva a parar el mundo de tanto soñar con lo perdido, con esos puertos a los que, tampoco en este año que acaba, no hemos aún regresado.

 

Abre la puerta, no digas nada,
deja que entre el sol.
Deja de lado los contratiempos,
tanta fatalidad
porque creo en ti cada mañana
aunque a veces tú no creas nada.
Abre tus alas al pensamiento
y déjate llevar;
vive y disfruta cada momento
con toda intensidad
porque creo en ti cada mañana
aunque a veces tú no creas nada.
Sentir que aún queda tiempo
para intentarlo, para cambiar tu destino.
Y tú, que vives tan ajeno,
nunca ves más allá
de un duro y largo invierno…
Abre tus ojos a otras miradas
anchas como la mar.
Rompe silencios y barricadas,
cambia la realidad
porque creo en ti cada mañana
aunque a veces tú no creas nada.
Sentir que aún queda tiempo
para intentarlo, para cambiar tu destino…
Abre la puerta no digas nada… (L. Casal)

La elección

In Epitafio on 13 diciembre 2007 at 11:29
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Dos caminos. [...]
 
 
 
Niña tienes algo que me puedes dar.
Brillan tus encantos en tu caminar.
Tuvimos una noche llena de color
un río dorado tus ojos son.
Tocamos la vida con nuestras manos
la vida cantaba esta canción:
Una noche de amor desesperada,
una noche de amor que se alejó.
Sigue caminando no te veo más.
Brillan tus encantos en tu caminar.
Una noche de amor desesperada
una noche de amor que se alejó. (Triana)
 
 
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