Jesús Vicioso

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Velas del centro

In Locuras on 17 mayo 2008 at 1:18
Suena el piano. Otra noche mirando por la ventana. Recordando. Jugando con el frío negro y con la sal de mis lágrimas. Podría fundar un nuevo océano y llenarlo de botellas con las letras de canciones que escribo con tu foto de fondo.
Me he tirado toda la tarde perdido por el centro, buscando el regalo de este año. Ahora estoy en las afueras de Madrid. Dejé el centro lleno de velas que nunca se soplarán. Puede que la cera manche las aceras y que las llamas quemen algunos letreros. Que lo hagan, ya no sirven. Ya me los sé todos de memoria y podría viajar por esas calles con los ojos cerrados, como los tienes tú siempre conmigo, y guiarme palmo a palmo como los gatos negros que maullan bajo los cristales cuando pasan frío. Los inviernos y los otoños interminables me invitan a no recordar el mes de mayo. Porque ahora viene mayo. Y después lo hará junio. Y julio. Y todo lo demás. Sin vuelta a empezar.
El centro, lleno de velas, ha quedado bien bonito. Me gustaría llamarte, ahora, para dar un paseo por estos lugares que todavía no conoces.
 
 
 
Si tú te vas
y yo también
no quedará nada,
ni los momentos buenos…
si tú te vas
y yo también
no quedará nada,
ni los momentos buenos…
Una vez estuve a punto de atraparlo todo,
una vez estuve a punto de entenderlo todo,
pero como una señal,
tan perfecta como un gesto microscópico,
sintomático, energético e histérico,
la nada se quedó
y ahora yo me peleo por poderlos recordar…
los momentos buenos. (Los Piratas)

Me quedé sin palabras…

In Locuras on 8 febrero 2007 at 20:15
Llevo muchos días sin poder salir a la calle con el corazón a la escucha y cuando cruzo el umbral de mi angustia mi mirada no alza el vuelo que otro día elevó hasta el arcoiris más gigantesco de cuando la lluvia es capaz de arrebatarle la belleza escondida a estos días de tristeza sin fin. Me quedé sin palabras…
 
 
 
 
Cárceles caseras
viven sobre las cabezas,
borracheras de esperanza,
lágrimas que nada arreglan.
Y el sol que sigue sin aparecer,
se olvidó de esta parte de la Tierra.
Las pupilas devastadas,
el cielo las recompondrá.
Los sobornos, las miradas
y dejar de lamentarnos
por todo lo que dijimos de más,
todo lo que no dijimos.
 
Ahora mismo echo de menos
echarte, echarte de menos.
Inviernos tibios, los bares de siempre,
cenizas de buenos momentos.
 
Tal vez sea mejor callar
y esperar la primavera.
Haremos una bandera
con el blanco que nos queda,
tal vez de la nieve que vimos caer,
de la espuma del mar que dejamos atrás.
Ahora mismo echo de menos.
echarte, echarte de menos.
Inviernos tibios, los bares de siempre,
cenizas de buenos momentos.
 
Y no queda leña para echar al fuego,
y el frío no perdona,
y tus silencios de hielo
tampoco. (La habitación roja)

Miedo ante nuestro pacto

In Locuras on 18 enero 2007 at 22:51
Había una especie de pacto sin letras, firmado con miradas, en el que creo que nos prometimos que tanto en la tormenta como en la calma nos cuidaríamos mútuamente, aunque rompiésemos botellas contra nosotros, aunque los cielos y los mares se rompieran en nuevos continentes. Estábamos borrachos de alegría y de felicidad y sería entonces por ello por lo que nunca pensé en que el miedo me haría tambalear a la hora de cumplir con mi parte del trato, ése que nunca firmamos más que con un par de sonrisas. Y es que el miedo es el peor arma de la desazón cuando quieres seguir siendo algo para alguien, cuando quieres continuar derrochando carcajadas sin fin hasta en esos momentos en los que nos encontramos sin rumbo. Sobre todo, para esos momentos estrechamos nuestras peculiares plumas sin tinta este bello pacto.
 
Más que una hermana o un simple amor, cuando en otra dimensión analizas el contenido de diversas estancias en nuestras peculiares vidas, uno comienza a entender que el miedo es capaz de joderlo todo sin más razón que la del polvo que rompió las señales buenas del camino. Y ella, aún cuando sabes que puede que no esté tan bien como imaginabas en esos escondites que me fabriqué con lazos de papel de los regalos que guardo en mi bolsa azul o con hojas marchitas de las ramas de cerezas en el tiempo de los sonidos huecos, cuando se resiste a rescatar del olvido ese pacto, me da miedo. ¿Injusto? Qué mas da, una injusticia más de este mundo en el que lo más fácil es soltarme que deje de llorar porque la luna no ha salido tan esplédida como ayer. Pero lo que no es justo es que ella no esté tan bien como debería. Aunque ni tan siquiera. Soy un caguica, o éso siempre pienso de mí. Y sin embargo, hasta con miedo a represalias, me armo de valor e intento luchar por lo que le corresponde. Aunque me quede en la estacada.
 
La he visto poniendose ese traje de la más fuerte del planeta. Y lo es, al menos más que yo. Pero a veces se queda vacía. Un día se escapó sola, fortachona por fuera y yo llorando por dentro. Lo que le pasaba no era asunto mío, me decía. La dejé marchar, tan sólo unos segundos. Recorrí rápidamente el trecho que había hecho. Allí la encontré, jodida y radiante, llorando a la desazón de alguna que otra injusticia. No me importaba ni lo más mínimo el porqué. Sólo su qué, limpiarle los ojos y las gafas, y cambiar la tristeza por sonrisas. Aquel día fue maravilloso, aunque hasta el Faro de Moncloa lo haya ya olvidado. Hoy siento que también se va para adelante. Quizá hace tiempo que me quedé atrás. La echo de menos, a ella la echo mucho de menos.
 
 
 
 
 
No estarás sola, vendrán a buscarte batallones de soldados
que a tu guerrilla de paz se han enrolado.
Y yo en primera fila de combate
abriendo trincheras para protegernos, mi guerrillera.
 
No estarás sola, te saludarán a tu paso en mil idiomas,
con mil lenguajes, la gente a la que despertaste en cada viaje,
los que dormían en las calles, a los que preguntaste,
por su esperanza, por su desastre.
 
No habrá distancias que no cubra cualquier hombre que te busque.
No habrá rincón en que tu nombre no se pronuncie.
No habrá misterio o duda en que tu presencia no luzca,
faro solidario en ausencia de paz, en tiempos difíciles Estrella Polar.
 
No estarás sola, siempre habrá quien se parta en dos en cada despedida,
quien te de aliento cuando te des por vencida.
Tu revolución llenará sonrisas,
yo la incorporé a mis aperos de trabajo, a mi vida.
 
Quién pudiera retenerte en Madrid.
Visitaremos lugares a los que hemos ido antes juntos,
antes de conocerte, antes de encontrarte.
 
No estarás sola, siempre habrá quien te ayude a hacer las mudanzas,
quien te regale manos flores presencias sin pedir nada.
Y allí estaré para amarte,
y aunque no esté, allí estaré para amarte. (I. Serrano)
 
 

Estas largas noches sin saber de ti

In Locuras on 15 noviembre 2006 at 21:59
Hay momentos en la vida en los que uno desea tomar el camino más largo con el propósito de mantener vivo caminando el hervidero de ideas en el que nos encontramos inmersos y a cuyo fluir desea uno abandonarse.
 
La noche de ayer -como la de anteayer, y la anterior y la otra- fue una auténtica pesadilla por el simple hecho de tener un continuo desvelo. Esa sensación de que se te ha roto algún hueso o músculo no la cura ningún medicamento. Y es que los antiguos escalofríos se convirtieron, hace días, en contracciones de dolor. La razón es para la inmensa mayoría de los mortales tan estúpida, tan tonta, tan inocente, que es imposible comprender. El porqué de este pesar que sopesa mi alma es debido a mi corazón, con la minucia de que el amor es sólo culpable del cincuenta por ciento. El otro cincuenta, quizá cincuenta y uno al caer el día, es debido a que cuando me tumbo sobre la cama de Bravo Murillo es como si me faltara algo. Como si durmiera en el propio suelo del infierno. Como si las brasas ardiendo de las noches de san Juan no fuesen más que un triste ejemplo de hasta qué punto el candor humano puede sufrir por la ausencia de noticias tuyas. Por eso mismo, por no saber de ti, por acostarme veinticuatro horas más sin haber hablado contigo, sin haber paladeado su rostro, sin haber degustado tu sonrisa y sin haber rozado la grandeza de tu ser, cada noche me siento el pétalo más desdichado de la flor más fea y horrenda que Dios ha podido tirar a este mundo de lágrimas.
 
La impotencia de pasar estas largas noches sin saber de ti se me acumula tras cada amanecer que sigue a cada anochecer que ha roto cada atardecer. El querer seguir formando parte activa e importante de tu andar y no poder si quiera contemplarlo desde la más fría lejanía es el dolor más grande que he sufrido nunca y que creo que cualquier loco de buen corazón pueda soportar. Me siento, y nunca lo podré haber dicho más en serio, como una pompa a punto de estallar, como un niño que ya no puede aguantar más el escozor del agua oxigenada, como las lágrimas de una gaviota que no puede alzar el vuelo en el mar más maravillo de cuantos el Todopoderoso dibujó para el deleite de todas las conchas que coleccioné este y el pasado verano para regalarte.
 
Como las cenizas que se tiran al desagüe vive cada noche mi pesar. Paladeo cada uno de los instantes que vivimos y me pregunto dónde se esconde el mayor pecado que he cometido y que me ha separado de ti.
 
Pido clemencia, cada una de estas largas noches sin saber de ti, a los ángeles y a los demonios para que no me lleven por atajos en los desvelos diarios. Ruego de rodillas, y eso que nunca lo hecho antes, a todos los asesinos a suelo que se pasen por mi habitación y que acaben con esto. Porque como cuando Peter Pan no encuentra a Wendy, sabiendo que andará feliz por doquier pero que puede que lo haga aún más con él, tengo miedo. Por eso cojo el camino más largo de mi cama de 1,80 con el propósito de mantener vivo caminando el hervidero de sueños en el que me encuentro inmerso al irse el primer rayo de luz de estos fríos días. Tengo frío, aún con calefacción y diez mantas de las gordas encima. Te echo de menos. Ya ves que tontería dirán algunos. Sólo son estas largas noches sin saber de ti las que me alejan de la vida. La estupidez más grande te parecerá cuando después de todo no dices nada. Y aquí pasaré otra noche más, así, desvelado mientras pienso en ti.
 
 
 
 
 
 
No te fíes si te juro que imposible,
no dudes de mi duda y mi quizás.
El amor es igual que un imperdible
perdido en la solapa del azar…
La luna toma el sol de madrugada,
"nunca jamás" quiere decir "tal vez".
La muerte es una amante despechada
que juega sucio y no sabe perder.
 
Estoy tratando de decirte que
me desespero de esperarte,
que no salgo a buscarte porque sé
que corro el riesgo de encontrarte;
que me sigo mordiendo noche y día
las uñas del rencor;
que te sigo debiendo todavía
una canción de amor.
 
No corras si te llamo de repente,
no te vayas si te digo "piérdete":
a menudo los labios más urgentes
no tienen prisa dos besos después.
Se aferra el corazón a lo perdido,
los ojos que no ven miran mejor.
Cantar es disparar contra el olvido,
vivir sin ti es dormir en la estación.
 
Estoy tratando de decirte que
me desespero de esperarte,
que no salgo a buscarte porque sé
que corro el riesgo de encontrarte;
que me sigo mordiendo noche y día
las uñas del rencor;
que te sigo debiendo todavía
una canción de amor.
una canción de amor.
una canción de amor, todavía… (A. Calamaro)

Buscando mi droga

In Locuras on 14 noviembre 2006 at 12:05
Nunca me dijo aquello de ‘mejor como amigos’. Me soltó un ‘te quiero tanto que no sé cómo te quiero’. Lo habrá olvidado. Como tantas otras cosas.
 
Me acaban de conceder un premio al tonto del primer cuatrimestre. Hasta hace una semana, me había quedado todos y cada uno de los días por la tarde-noche a pesar de tener turno de mañana. Me las ingeniaba de las formas más rocambolescas para que ninguno de los míos se diese cuenta. Llegaba al piso a las cinco o hacía como que estaba. Me iba al metro después de la radio, después del ccs. Y cuando Javi y David se iban, yo regresaba a la casa de los futuros periodistas y de algunos soñadores como servidor. Mi intención, noble después de todo, era poder coincidir con la reina de la baraja de cartas con la que ahora jugamos cada uno de los ratos libres que tenemos, que cada vez son menos. Desde la caída de la noche, recorría todos y cada uno de los pasillos de la mole gris para encontrar su rostro, ese que llevaba meses sin esbozar en mis ojos -pero que otras miles de veces he rozado con mi pincel de los recuerdos-. También buscaba su dulce voz, su cálida sonrisa, su alma.
 
Como un drogata que busca su camello para que le dé de lo mejor que lleve. Pero claro, yo buscaba algo cuya grandeza conocen tan pocos que con los dedos de una mano rota se pueden contar.
 
Después de tantos días no perdidos, sino esperanzados, el encuentro surgió como todo lo nuestro: por la extraña casualidad que parecía que todo estaba destinado. La vi. Me puse la goma en el brazo y saqué la jeringuilla. Se me acercó. ‘Bú’ me hizo. ‘Ah’ hice yo cuando entró la primera gota de esa dosis que tanta ansiaba. Mi cuerpo se paralizó. Llevaba mucho tiempo sin probar de la fruta prohibida. Me preguntaba por cosas normales, como si no hubiese pasado nada. La jeringuilla seguía vaciándose en mí. El líquido pastoso entraba sin parar. Y qué gustazo. Los escalofríos se convertían en un dolor que me daba un extraño gustillo. No me salían las palabras. Cuando la dosis iba acabando la fuerza de la dosis iba actuando y comenzaba a darme el subidón. Se fue sin que me diese cuenta. Con la última parte de la droga se me saltaron las lágrimas. Me di la vuelta mientras seguía ella siempre ha estado, es decir, para adelante. Dejando mucho atrás. Cuando me quité la goma me derrumbé. Al presentar el informativo de las ocho se me notó. Tenía una oyente menos. Y la más importante. Fuera de frecuencia.
 
Necesito un poco más de esa dulzura indescriptible. Me gustaría sentir su sonrisa. Me sentaría bien saber que sigo ahí para ella. Pero nunca me dijo aquello de ‘mejor como amigos’. Me soltó un ‘te quiero tanto que no sé cómo te quiero’. Lo habrá olvidado. Como tantas otras cosas. Ya ven. Ella es tan especial…
 
 
 
 
Como un pacto sin firmar,
yo no espero más de ti,
y tú de mi no esperas más,
es un pacto sin firmar.
En la planta de tus pies,
en el árbol, en la mar,
como un pacto sin firmar,
yo no espero más de ti.
Tú de mí no esperas más,
es un pacto sin firmar.
 
En la planta de tus pies
traes arena de otro mar,
te los limpio y me hago el loco
y como si esto fuera poco.
Antes roto que doblarme,
antes muero que dejarte.
Y no espero que seas nadie,
para mí no es importante
Yo no bailo con princesas,
pero te haré reina del baile.
Estoy a punto de romperme
porque me gustas con coraje.
Ya te habrás dado cuenta amor,
que yo no hago cosas normales.
Ven que no voy a cambiarte,
ni tu vida será otra,
Yo te invito a este lugar,
Donde el amor no se equivoca. (Bis)
Pero cuando quieras escaparte
del cristal de tu escaparate
Ven que no voy a cambiarte,
ni tu vida será otra,
Yo te invito a este lugar,
Donde el amor no se equivoca. (Bis)
 
Que no voy a cambiarte,
no quiero que tu vida sea otra,
y ven conmigo a este lugar,
Donde el amor no se equivoca.
No se equivoca,
ni tu vida será otra,
No se equivoca,
el amor no se equivoca.
No se equivoca. (A. Sanz)
 
 
 
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